DE LOS NUEVOS TIEMPOS Y LAS VIEJAS MANERAS EN EL ACCESO A LA INFORMACIÓN.

Dentro de poco habrán pasado 8 años desde que escribí en otro Blog,  http://infoinvestigadores.blogspot.com.es/2007/01/nuevos-tiempos.html , un artículo titulado “Nuevos Tiempos”, el cual transcribo y, a continuación comentaré:

“Transcurridos los años, todavía recuerdo las palabras que la profesora de Bibliografía nos dirigía en nuestro primer día de Carrera: “Si pensáis en haceros ricos, os habéis equivocado de profesión y estudios”. Cabe pensar que la buena profesora se refería a la cuestión económica, acertando de lleno, todo hay que decirlo, pero por otro lado también es menester tener en cuenta otro tipo de riquezas.

Actualmente vivimos, y nadie lo niega, en una sociedad que a mi pesar tiende más y más a una mal llamada y definida globalización, cargada de un alto nivel de relativismo, cada vez más tecnificada, más civilizada y civilizadora, pero más cruel donde, sin embargo la información juega un importantísimo papel, o al menos su control y difusión.

Han pasado los años desde que terminé mis estudios de Biblioteconomía y debo reconocer que por entonces se nos formaba en lo que yo denomino Vieja Escuela, pero a lo largo de mi trayectoria profesional he comprobado cómo ha ido evolucionando mi profesión, que no es, ni mucho menos comparable a experiencias de otras personas, otros países, etc..

Prácticamente formado en el mundo de las Bibliotecas Públicas a la antigua usanza, sin embargo ya se atisbaba algo de lo que sería el inminente futuro: no tanto hablar del soporte sino de la difusión de la información, y más concretamente, de la difusión selectiva de la misma, con lo que conlleva de análisis, clasificación y su posterior puesta a disposición.

Ardua tarea la que se nos encomienda a los profesionales y seria responsabilidad, pero vivimos en un mundo, como he dicho, cada vez más relativo.

Ya desde que lo mencionara Ortega y Gasset en su Misión del Bibliotecario, pasando por los diversos manuales escritos sobre el tema y demás demagogias, resulta que se espera de nosotros un alto nivel de base, es decir, aptitudes necesarias para sintetizar, sentido del método y del orden y, además, unas aptitudes sociales, todo aderezado con un muy buen nivel intelectual.

Por descontado, y como el valor al soldado se le supone, me consta que en la mayor parte de quienes elegimos estos Estudios ya existían estos valores.
Mi pregunta es, ¿de qué manera afecta a esta finalidad la todavía falta de reconocimiento de nuestras titulaciones?. No sucede lo mismo con otras profesiones si no, que alguien me diga quién llevaría a su hijo a un médico, o a una escuela,… en donde le conste que no se cuenta con un personal cualificado.

Bibliotecas ha habido desde siempre, pero desgraciadamente, profesionales cualificados, desde hace mucho menos y ¡claro!, hemos de bregar en una situación ya
enraizada.
O sea, ese nivel demandado en nuestros Estudios, pasa a un segundo plano y, además, tampoco parece que sea necesaria la participación de un profesional especializado en Biblioteconomía y/o Documentación, amén de su reconocimiento económico.

Mi impresión es que en este caos el futuro profesional realmente está en manos de los Documentalistas, formados en la base de la Biblioteconomía y después especializados, los cuales aportan todos sus conocimientos a la nueva era de la información y su difusión, y además pueden dirigir sus expectativas laborales tanto al ámbito público como privado.

Sin embargo, los Centros de Documentación son de un origen más reciente, y por lo tanto más ligados a las tecnologías y conceptos más recientes. Más técnicos y especializados cuentan con personal más técnico y especializado, pero tanto que, a veces ocurre, se valoran para su contratación más los conocimientos específicos propios de donde se va a desarrollar la labor que los documentales.

Pero en ambos casos me viene un punto de pesimismo, y es que la introducción de las nuevas tecnologías, en virtud de hacernos la labor más fácil y, sobre todo, rápida, hace que el contacto diario con el documento fuente sea cada vez más reducido, incluso su análisis, lo cual puede llegar a convertirnos en meros elementos de traslado de ubicación de documentos o datos.

Yo siempre he sido partidario de la creencia de que es posible cambiar las cosas desde la base, es decir, desde la formación del propio ciudadano-usuario, ya que debemos recordar que informar es también formar, para favorecer la creación de mentes críticas reflexivas, y que lo sean en base al conocimiento, del cual nosotros, como especialistas, somos depositarios y difusores. “

Lo firmaba como bibliotecario.

Ahora bien……[en proceso]

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SOCIEDAD INTELIGENTE Y DEMOCRACIA.

He tardado mucho en animarme a coger pluma y papel -en el sentido poético y estético- para usar este medio para compartir, más que una opinión o una tesis, un estado de ánimo.

Sorprendido y agradecido a José por su invitación a participar en su blog, he de reconocer el vértigo que esta me produjo al ser la primera vez que algún escrito mío recibe tal mérito…, por no hablar de mis opiniones tan a contramolinos.

Por esto, José, en primer lugar, gracias. Gracias por tu invitación y gracias por tu valor al pedirme tal cosa, de la cual espero no te arrepientas. Espero estar a la altura del nivel de los contertulios y de tu blog.

Desde que recibí tu invitación hasta ahora, han pasado muchas ideas y borradores por mi cabeza, a la par que veía circunstancias sociales sobre las cuales me apetecía dedicarles un tiempo y unas líneas, y que estas estuvieran representadas, o bien en mi propio blog o en el tuyo.

Ningún borrador me cuadraba, hasta que la suma de todos ellos me han llevado a una reflexión sobre como veo la sociedad actual, occidental y, en concreto la nuestra, tratando de ligarla, en lo posible, a unos tiempos actuales llamados “globales” así como también en el contexto de una sociedad europea denominada DEMOCRÁTICA.

Como un flash me vino a la mente un término, Sociedad Inteligente, en el cual acababa terminando una y otra vez, dada la trayectoria de la humanidad, evolutiva, con fijación de conductas sociales, de valores, abierta y dada a aprender en la autocrítica para mejorar y corregirse, en donde lo meramente vulgar queda en un entretenimiento pasajero en pro de ideales más elevados, etc, etc…

Palabras preciosas, las cuales, sumado a mi percepción de la realidad cotidiana y visto lo visto últimamente en diversos medios de comunicación, se me ha derrumbado como un castillo de naipes.

Entiendo de la esperanza puesta en un futuro mejor, pero ¿qué queda de ella si quienes, ahora y antes, pudieron hacer algo y no lo hicieron?

¿Pertenecemos, realmente a una sociedad a la que se le pueda denominar “inteligente”? ¿O quizás nos estamos acercando más y más -dejando un margen de confianza no muy grande- a otra que podemos definir , quizás, como “estúpida”? ¿Cómo casar esto con un sistema que se denomina así mismo como democrático?

Quizás no se trate de un pesimismo al 100 % , sino de pretender buscar una luz que guíe los pasos…, ya que en este mundo, en esta sociedad actual… considero que hay demasiadas luces que encandilan y ciegan…, y despistan, pesando más en estos casos la cantidad que la calidad.

Como simple ciudadano, curioso, con circunstancias propias como todo hijo de vecino, no pretendo erigirme como ejemplo de nada, sino exponer unas percepciones en base a una posición de espectador crítico de lo que me rodea, como tampoco doy por sentado que soy poseedor de verdad absoluta alguna.

Así, intuyo, sabemos que la Historia de la Humanidad, amén de su carácter lineal y progresivo en muchos aspectos, tiene en su poder una buena colección de errores que, como en una rueda, no hace más que girar para repetirse. Especialmente me llaman la atención aquellos que afectan a los grupos de personas bajo la premisa de que nadie aprende en cabeza ajena y la vida se convierte en un caer y levantarse continuos en la cual se repiten los mismos errores que siempre nos han acompañado a lo largo de las distintas épocas de nuestra historia.

Entonces, en base a eso … ¿realmente formamos parte de una Sociedad Inteligente?

Existe la otra alternativa. ¿Estamos en una Sociedad Estúpida?

Tenemos individualmente poco tiempo de vida como para perderla repitiendo errores. ¿Realmente se aprende de los errores ajenos?

Formando parte de una sociedad democrática …, ¿cómo es posible su aplicación?

En cualquier caso, ¿qué es lo que determina que se forme cualquiera de las dos “sociedades” citadas? O planteándolo de distinta forma… ¿qué es lo que le falta?, ¿qué es lo que le sobra?…, ¿qué hemos olvidado en nuestra sociedad?

Me consta que no soy el único que a lo largo de la Historia se ha planteado este tema…, y no precisamente en sociedades que hoy podrían calificarse como puramente democráticas.

Ya Erasmo consideraba la Adulación, Olvido, Pereza y Apatía como hijas de la Diosa Estupidez y, entre los hermanos de estas incluía a Festín y Sueño Profundo, siendo el Placer, el condimento ideal de la madre.

Vida tan feliz,
la de quienes no piensan en nada.
La ignorancia proporciona la vida más feliz.

Antes que él, eso lo dijo Sófocles ya hace muchos siglos, pero ¿hasta qué punto no ha perdido actualidad su opinión?

Hay un principio que, en teoría, define al ser humano como individuo en relación con los demás y esto es… que esa teoría enseña que se trata de un ser denominado “social”.

Esta naturaleza, sin embargo, puede parecer contradictoria si vemos cómo ha sido y es la relación de este con cada uno de su misma especie a lo largo de la historia de la Humanidad. Parece como si se tratara de una relación de amor – odio, sustentado en un principio de “respeta mi independencia, mi libertad, mi poder, mi posición… pero te necesito para afianzarme en todo eso” que, creo, esconde un “sin los otros yo no soy nada”; una necesidad que, en los tiempos actuales, tan dados a ofrecer, vender, una imagen -con lo que eso conlleva de falsedad, de brevedad …, de vacío- parece va en aumento…., algo que en el argot moderno se denomina “postureo”…, el vivir de lo aparente, de una imagen como sacada de tantos selfies y que intentan imitar lo que nos llega tan a menudo a través de los medios de comunicación audiovisuales y las páginas ilustradas en los formatos de papel.

Es por eso que muchas veces me planteo cómo es la relación del ser humano consigo mismo…, si se es capaz de prescindir de las modas y si se plantea el tener tiempo para ello.

La Sociedad y las personas que la conforman …, este ser humano actual, tan “sociable” y tan capaz muchas veces de sorprendernos …, en general, considero, se encuentra vacío en una sociedad que se mueve tan rápido que no tiene tiempo como para afianzar una base en la que sustentarse, pues todo lo pasado -y hablo de lo sucedido ayer, de lo medido en un golpe de salto de página web- no se valora y pasa al olvido.

Nunca mejor dicho: en la sociedad actual se vive al día.

Nunca se aprende por golpes ajenos, como ya he dicho y sabemos, por lo que los mismos errores cometidos antaño siempre se repiten…, pero paradójicamente, con tantos medios disponibles para retener la memoria histórica de nuestros errores y aciertos, sólo puedo pensar que, al contrario de lo que se piensa, nuestra era es la de la desinformación y la del analfabetismo funcional en donde, sí, efectivamente contamos con las fuentes, los medios y -a veces lo dudo- la capacidad para, con todo, poder actuar de manera apropiada en el entorno…, pero por desgracia, no lo hacemos.

Se trata de una sociedad que, falta de criterio y de formación en valores, se deja llevar por el hedonismo, preocupada por su propio bienestar.

Una sociedad que, cada vez más alejada de los valores familiares, no puede recibir de la familia el ejemplo y consejos que ésta le aportaba …, entre ellos el respeto.

Una sociedad que, en su analfabetismo también social, banaliza el concepto de “amistad” poniéndolo al nivel de un niño de corta edad, otorgando tal privilegio sin selección y, por tanto, quitándole el valor social que supone el tener una mano amiga de confianza al margen de la familiar.

Una sociedad sin valores morales que, común a cualquier cultura y religión, podía tener en su profesor o guía religioso… -¿por qué no decirlo?-, un consejero más profundo en cuestiones éticas y morales…, además del aporte de conocimientos; ejemplos ambos que, también, han ido en rápida regresión.

Una sociedad llena de tabúes, totalmente desorientada que, a falta de todo lo anterior, es fácilmente manejable …y lo peor, lo puede ser con sólo un golpe de clic.

Una sociedad que, ¡a Dios gracias!, ha sabido inventarse algo envasado a lo que agarrarse llamado “coachs” para suplir esas carencias.

Y es que, a pesar de todo, esta sociedad necesita agarrarse a algo, porque hasta en la inconsciencia, se ve sola ante todo.

Los antiguos dioses y creencias se ven sustituidos por nuevos dioses y creencias de papel y barro.

Los conocimientos se vuelven más “populares” y accesibles, fáciles de entender pero sin llegar a profundizar.

La realidad se vuelve “virtual”, así como el concepto de amistad y todo “el mundo” gira en torno a una pantalla y lo que de ella sale.

La familia desaparece en aras de una comodidad o por falta de compaginar tiempo, ganas o dinero.

En definitiva: la sociedad y sus componentes se vuelven vulgares consumidores de lo irreal, de la pura imagen, de lo aparente …, como en un querer cerrar los ojos a lo que vaya en contra del yo, en contra del hedonismo y que, en su manera de interactuar, defiende un relativismo moral y, por qué no decirlo, una cierta forma de manipulación.

Las nuevas generaciones ya vienen con el lastre de la anterior generación …, no es algo reciente, en donde el concepto de familia ya empezaba a ser un concepto desestructurado.

La ausencia de responsabilidad en la educación, propiciada por la carencia de un sistema educativo estable y de base sólida, ha dado pie a la ruptura de los valores que, en responsabilidad obligaba a las familias.

Es la sociedad esta y con ella los responsables políticos, quienes han asumido un papel en la educación que va más allá de lo que les corresponde, por la propia desidia de las nuevas familias o porque, muchas veces, no pueden hacer mucho contra el sistema, tan cargado de tabús nuevos, prohibiciones y sanciones.

En la cutrez de su pensamiento se autoasume el papel de “Papá-Estado” y a este le pedimos de tarde en tarde, explicaciones por sus fallos…, cuando la responsabilidad siempre ha sido y es…, nuestra.

De lo contrario, el riesgo que se corre es el del conformismo y el de ceder al Estado competencias que no le corresponden, con una tendencia tenue al excesivo control en aras, precisamente, de esa “democracia”, “seguridad”, “futuro”…, que dice defender.

En el seno de este sistema, la nuevas generaciones quizás salgan con conocimientos técnicos que a los más mayores nos puedan sorprender. Quizás las nuevas tecnologías impregnan maravillosamente los sistemas de enseñanza. Quizás las nuevas generaciones tengan más facilidad para expresarse en idiomas que la que tuvimos nosotros…; pero la capacidad de ser críticos en base a la experiencia de contrastar, la capacidad de entender y explicar lo que les rodea y más cercano …, ¡y no digamos lo más lejano e, incluso, metafísico!…, yo la pongo en duda…; por una sencilla razón: un sistema educacional cerrado que busca la igualdad en donde nunca la hubo -sin pretender ser despectivo- ; la incapacidad de poder decir “no”; la incapacidad de poder reconocer con criterio que se está equivocado en algo, aunque se haya mantenido y defendido a capa y espada; la incapacidad de prescindir del consumismo sin sentido y atroz, de los mensajes estereotipados e interesados de unos terceros…; la incapacidad de PENSAR.

Entonces, ¿qué tipo de sociedad es esta que se autodenomina “democrática”, “inteligente”, “formada”?

La sociedad la conforman individuos. Como uno a uno no seamos capaces de discernir fuera de lo “políticamente correcto” y aplicarlo a nuestro entorno poco se puede esperar de la sociedad como conjunto…, pues la verdadera Democracia se cultiva día a día y es responsabilidad de las “Sociedades Inteligentes”.

Donde se hace Camino

Nunca se echa en falta algo hasta que se pierde, o cuando la distancia hace que el objeto de nuestros deseos cobre un halo de ideal soñado, sobre todo cuando la cruda realidad nos devuelve a lo que hemos adoptado como hábitos considerados normales.

Vivir el Camino de Santiago implica mucha añoranza cuando se regresa al mundo de lo cotidiano. Significa que, durante mucho tiempo, años quizás, anhelarás encontrar en tu vida lo que experimentaste en tu peregrinación, corriendo el riesgo de sentirte como un extraño en la sociedad que te ha tocado vivir…, y eso es un riesgo.

Durante un tiempo, y de manera más intensa si eres de los que se denominan “peregrinos de largo recorrido”, literalmente desconectas de todo y, al regresar a lo que llamamos hogar, te sorprende que el mundo haya seguido en sus derroteros.

Pones las noticias para enterarte, sorprendido, del agravamiento de la situación en el Oriente Próximo y en la Europa cercana, del pederasta o maltratador canalla que habita en tu país…, y te preguntas dónde has estado estos días y a qué mundo has regresado.

Todo cobra una mayor fuerza y gravedad cuando lo comparas con los recuerdos que traes del Camino, de los cuales tan sólo te has quedado con los gratos.

El Camino es como la Vida, se suele decir y yo diría aún más: el Camino es como el Amor.

Para vivir ambos hay que saber convivir con el otro, intentar comprenderlo y perdonar para quitar piedras a la mochila y hacer más llevadero el Camino.

Hacer de la convivencia algo cotidiano, de la sonrisa la tarjeta de presentación, de la ayuda desinteresada algo más que un gesto…, ¡es tan fácil en el Camino de Santiago…!, y tan difícil aplicarlo cuando el verdadero Camino comienza…, al regreso.

Es inevitable la comparación.

Recuerdas entonces la acogida en unos pueblos en donde nadie te conocía. Sólo sabían de ti que eras peregrino, como tantos otros. Como si faltara una parte de ti, sientes muy hondo la enorme ausencia y distancia que te separa ahora de aquel abrazo recibido entonces en Grañón, de aquella sinceridad y la comida compartida, los momentos de oración entre gente que no se conocía de nada; recuerdas la lágrima que se deslizaba y escapaba por la mejilla en una naturalidad que al principio sorprende pero que, rápidamente, asumes como intrínseca al Camino, resultándote extraño cualquier gesto contrario.

-“Ve al albergue de Bercianos. Hay un regalo para ti”, me dijo una monja de Carrión. Pensé en qué motivo habría para modificar mi plan previsto para ese día. No tenía sentido ir a Bercianos si pasaba la noche anterior en Sahagún. Apenas nueve kilómetros separan una población de otra y no iba a dejar de visitar la primera. Además, ¿qué hay en Bercianos? Sin embargo, acepté hacer corta esa etapa, retrasando un día mi llegada a Mansilla y quedar en Bercianos.

-“¿No es muy pronto para estar esperando ya a la puerta del albergue?”, me preguntaba sorprendida la hospitalera.

– “Ciertamente, pero una monja en Carrión me dijo que pasara por aquí, que había un regalo para mí”. Sin duda, mi respuesta debió resultar sorprendente.

-“¿Regalo? No sé nada de un regalo”.

Por supuesto, cómo va a haber un regalo para mí esperándome. Pero, curiosamente no me sentí un estúpido tras esta breve conversación. En otras circunstancias, la vergüenza – y el sentido común- me habría impedido actuar así. Pero no en el Camino. Todos los conceptos cambian.

Dado lo temprano de mi llegada y ante la posibilidad de permanecer muchas horas esperando la hora de apertura del albergue, me ofrecí a ayudarles en lo que quisieran y necesitaran.

-“Elige: patio o habitaciones”.

-“Patio”.

Mi regalo fue barrer, pero también lo fue cocinar, fregar, hablar, compartir, rezar,… Mi regalo fue recibir dando. Mi regalo fue el Camino.

¿Qué tendrá de mágico el Camino que provoca tales cambios en las personas? Personalmente creo que son las mismas personas las que lo hacen mágico, en su anhelo encontrado de poder hacer las cosas de diferente manera a lo que la realidad de nuestra sociedad nos ofrece.

En el Camino buscamos, porque lo vemos posible, un mundo mejor, pero como ya he dicho: el regalo es el mismo Camino y el verdadero Camino comienza cuando vuelves a casa.

Autor: Jorge Villanueva

Publicada en:  http://caminodesantiago.consumer.es/concurso-relatos/relato.php? id=140040#sthash.CPXVio3q.dpuf  ,el 26.08.2014

VIVIR ES CAMINO

Lo reconozco, soy un adicto al Camino de Santiago; éste me ha creado adicción …, no puedo desengancharme y, como toda adicción, me causa placer y dolor.

¿Cómo, sino de adictivo, tendría que calificar lo que me sucede?

Es cosa curiosa: conozco los síntomas y conozco la cura.

Padezco el típico trauma post-camino, que tan sólo quienes lo hemos realizado en plenitud podemos reconocer.

Esto significa que, una vez vuelves a lo cotidiano, todo se derrumba y padeces ensoñaciones y deseos de regresar a él. Mitificas tus experiencias y te sientes extraño en tu propia casa, en tu ciudad, con tus amigos de siempre.

Del Camino se regresa con otros ojos, con otra mirada …, que quien bien te conoce detecta enseguida.

Al día siguiente de regresar a tu vida, digamos “normal”, te invade la añoranza y tiendes a repasar una y cientos de veces las fotos y recuerdos que has traído del Camino. Son como un nexo de unión contigo, una forma de transportarte a aquellos días maravillosos no exentos de dificultades, pero tan intensos, un tesoro vital cuya pérdida considerarías como la pérdida de ti mismo.

No paras de ver vídeos de otros peregrinos y te sientes identificado con todos ellos, como si fueras miembro de una hermandad escrita a golpe de pies cansados y sentimientos a lo largo de muchos siglos.

Y te entristeces.

Piensas continuamente en volver, olvidando a veces algo fundamental: el Camino enseña a caminar.

Pero reconozco la dificultad, de quien lo ha realizado en plenitud, de poder olvidar la experiencia.

La Vida es larga, el Camino de Santiago corto, pero tremendamente rápido y cargado de experiencias diarias que, en muchos casos, durante la Vida, se manifestarán más tardíamente.

Supone un auténtico shock a la mentalidad con la que lo iniciamos y el cúmulo de experiencias es brutal, de difícil digestión …, ¡de tantas y profundas que son!, empezando por la primera: conocerte a ti mismo, libre de las capas superficiales con las que nos adornamos o protegemos a diario.

En el fondo, creo, deseamos regresar al Camino por miedo a nosotros mismos y por sabernos conocedores de una alternativa mejor a nuestras existencias de diario.

Está claro, amigo mío -digo para mis adentros- : el Camino te ha atrapado. Es adictivo. En su equivalente, la Vida debe hacerse adictiva …, también genera momentos de dolor y es causa de placer porque, en otras circunstancias, estaríamos muertos.

Volver será una buena terapia, pero he de ser consciente de que cada Camino es único y no volveré a tener las mismas experiencias que tuve la última vez. Cambiarán las gentes, cambiarán las circunstancias …; el paisaje te recordará anteriores Caminos, anteriores abrazos y lágrimas, pero dentro de uno mismo se ha de ser consciente de vivir otro momento único, sin las lastras del pasado y buscar la regeneración nuevamente, porque si no, no habrá servido de nada.

Así se descubre otra de las maravillas y oportunidades que se nos ofrece: las diversas opciones de conocernos a nosotros mismos, sin encasillamientos, de sabernos en la posibilidad de ser mejores, de adaptarnos a las circunstancias, de reponernos y, una vez más, levantarnos cada día pensando en que hay un Camino por recorrer, en el que lo más importante no es la meta, sino cómo se llega a ella.

Al fin y al cabo, al final de todo Camino, con lo que uno se ha de quedar es con haber aprendido de los errores y el asumir haber sido, uno mismo, el resultado final de las decisiones que se han tomado ante las encrucijadas y de haber optado por el Camino correcto.

Autor: Jorge Villanueva

DE LOS NUEVOS TIEMPOS Y LAS VIEJAS MANERAS EN EL ACCESO A LA INFORMACIÓN.

Dentro de poco habrán pasado 8 años desde que escribí en otro Blog,  http://infoinvestigadores.blogspot.com.es/2007/01/nuevos-tiempos.html , un artículo titulado “Nuevos Tiempos”, el cual transcribo y, a continuación comentaré:

“Transcurridos los años, todavía recuerdo las palabras que la profesora de Bibliografía nos dirigía en nuestro primer día de Carrera: “Si pensáis en haceros ricos, os habéis equivocado de profesión y estudios”. Cabe pensar que la buena profesora se refería a la cuestión económica, acertando de lleno, todo hay que decirlo, pero por otro lado también es menester tener en cuenta otro tipo de riquezas.

Actualmente vivimos, y nadie lo niega, en una sociedad que a mi pesar tiende más y más a una mal llamada y definida globalización, cargada de un alto nivel de relativismo, cada vez más tecnificada, más civilizada y civilizadora, pero más cruel donde, sin embargo la información juega un importantísimo papel, o al menos su control y difusión.

Han pasado los años desde que terminé mis estudios de Biblioteconomía y debo reconocer que por entonces se nos formaba en lo que yo denomino Vieja Escuela, pero a lo largo de mi trayectoria profesional he comprobado cómo ha ido evolucionando mi profesión, que no es, ni mucho menos comparable a experiencias de otras personas, otros países, etc..

Prácticamente formado en el mundo de las Bibliotecas Públicas a la antigua usanza, sin embargo ya se atisbaba algo de lo que sería el inminente futuro: no tanto hablar del soporte sino de la difusión de la información, y más concretamente, de la difusión selectiva de la misma, con lo que conlleva de análisis, clasificación y su posterior puesta a disposición.

Ardua tarea la que se nos encomienda a los profesionales y seria responsabilidad, pero vivimos en un mundo, como he dicho, cada vez más relativo.

Ya desde que lo mencionara Ortega y Gasset en su Misión del Bibliotecario, pasando por los diversos manuales escritos sobre el tema y demás demagogias, resulta que se espera de nosotros un alto nivel de base, es decir, aptitudes necesarias para sintetizar, sentido del método y del orden y, además, unas aptitudes sociales, todo aderezado con un muy buen nivel intelectual.

Por descontado, y como el valor al soldado se le supone, me consta que en la mayor parte de quienes elegimos estos Estudios ya existían estos valores.
Mi pregunta es, ¿de qué manera afecta a esta finalidad la todavía falta de reconocimiento de nuestras titulaciones?. No sucede lo mismo con otras profesiones si no, que alguien me diga quién llevaría a su hijo a un médico, o a una escuela,… en donde le conste que no se cuenta con un personal cualificado.

Bibliotecas ha habido desde siempre, pero desgraciadamente, profesionales cualificados, desde hace mucho menos y ¡claro!, hemos de bregar en una situación ya
enraizada.
O sea, ese nivel demandado en nuestros Estudios, pasa a un segundo plano y, además, tampoco parece que sea necesaria la participación de un profesional especializado en Biblioteconomía y/o Documentación, amén de su reconocimiento económico.

Mi impresión es que en este caos el futuro profesional realmente está en manos de los Documentalistas, formados en la base de la Biblioteconomía y después especializados, los cuales aportan todos sus conocimientos a la nueva era de la información y su difusión, y además pueden dirigir sus expectativas laborales tanto al ámbito público como privado.

Sin embargo, los Centros de Documentación son de un origen más reciente, y por lo tanto más ligados a las tecnologías y conceptos más recientes. Más técnicos y especializados cuentan con personal más técnico y especializado, pero tanto que, a veces ocurre, se valoran para su contratación más los conocimientos específicos propios de donde se va a desarrollar la labor que los documentales.

Pero en ambos casos me viene un punto de pesimismo, y es que la introducción de las nuevas tecnologías, en virtud de hacernos la labor más fácil y, sobre todo, rápida, hace que el contacto diario con el documento fuente sea cada vez más reducido, incluso su análisis, lo cual puede llegar a convertirnos en meros elementos de traslado de ubicación de documentos o datos.

Yo siempre he sido partidario de la creencia de que es posible cambiar las cosas desde la base, es decir, desde la formación del propio ciudadano-usuario, ya que debemos recordar que informar es también formar, para favorecer la creación de mentes críticas reflexivas, y que lo sean en base al conocimiento, del cual nosotros, como especialistas, somos depositarios y difusores. “

Lo firmaba como bibliotecario.

Ahora bien……[en proceso]

Autor: Jorge Villanueva

DEL EJERCICIO DE LA LIBERTAD Y SUS RIESGOS.

¡Vaya “temita”!

¡Vamos a ello!

Considero el “ser libre” una cuestión individual, en el sentido de que tan sólo se es libre en tanto en cuanto se toman decisiones personales que nos permiten decidir bajo parámetros morales, los cuales desearíamos verlos reflejados en la sociedad en parámetros éticos, lo cual no sucede casi nunca e, incluso, podríamos estar o no de acuerdo con ellos en base a la moral.

La cuestión está en la interpretación individual de lo que se considera debe o no debe hacerse o decirse y ser capaz de analizar la razón de los actos. Creo que aquí entra la formación en valores y el espíritu crítico que hay que tener obligatoriamente.

He mencionado “actos”. Ciertamente, ya que de nada sirven los buenos pensamientos y palabras si estos no van acompañados de la acción y de un “mojarse” en lo que realmente se cree. Pero ahora entran consideraciones del tipo: -”¿me convendrá?”, -”¿qué consecuencias tendrán mis actos?” o, lo que más interesa… “-¿en qué me afectará mi decisión?”. Yo a eso lo llamo egoísmo.

Es complicado decidir, cierto. No es lo mismo la decisión que una persona pueda tomar si tiene o no responsabilidades familiares, etc, sin embargo es triste averiguar que, si se barajan tales “riesgos”, la decisión que se tome no estará basada en la libertad, pues significaría que ésta estaría limitada o peor, coaccionada.

Triste ha sido comprobar en primera persona cómo bajo esa presunta libertad de decidir se esconde miedo, con qué facilidad se mira a otro lado o se esconde la cabeza…, cómo se aplaude al osado que defiende unos valores y cómo se le abandona a su suerte si esa osadía es castigada.

Porque una cosa tiene la libertad, el ser libre, el vivir libre y es, la soledad, ya que quien vive libre, es libre, piensa libre… -siempre y aunque parezca contradictorio, dentro de unos parámetros básicos de respeto y honestidad-, no organiza su vida en torno al que dirán los demás…

Por eso la Libertad es algo tan serio y de tanta importancia. Es algo que individualmente se ha de ganar día a día, se ha de defender hora tras hora en todos los ámbitos de la vida privada. Es la única manera de que, sumando individualidades se pueda conseguir una sociedad más libre…, siempre y cuando la sociedad, el conjunto de individualidades, sea capaz de verlo.

¿Difícil, imposible? ¡Bueno!, creo que la utopía es el objetivo a alcanzar. Nunca llegaremos, pero si lo intentamos siempre estaremos más cerca de conseguirlo.

El ser libre no es gratuito, exige mucho sacrificio personal, pero este, en ejercicio de la Libertad, aunque sea una actitud individual, tiene también como finalidad, no solamente la satisfacción moral personal, sino el bien común, para ir poco a poco, piedra a piedra para, si no tumbar la sociedad, al menos hacer que ésta se plantee que existen, con el ejemplo individual, unos parámetros mejores.

Autor: Jorge Villanueva

Pesimismo ¿Qué es eso?

FUENTE: http://gabinetedepsicologia.com/pesimismo-%C2%BFque-es-eso-psicologos-madrid-tres-cantos

No todo es tan fácil.

Lamentablemente, no basta con intentar levantarse una mañana y proponerse ideas y pensamientos positivos.

Quizás, opino, lo que se trata es de crear una superficie resbaladiza sobre la cual los problemas no tengan efecto.

Pero hay problemas y problemas. Hay personas y personas.

Podemos decir que la causa del pesimismo sigue estando ahí, por mucho que pretendamos mirar a otro lado o queramos camuflarlo con frases “positivas”.

-No hay que rendirse, tú puedes, se aprende de las caídas,… En general son consejos que están bien, suenan muy bien e, incluso son bienintencionados. Intentan despertar en el que padece de pesimismo un motivo para seguir luchando. Pero ¿qué ocurre cuando no se encuentra ese motivo? En ese caso tales consejos pueden resultar ser una piedra más en el lastre del pesimismo.

Con el pesimismo se aprende a convivir, lo cual no es conveniente ni sano, pero antes de dar consejos habría que profundizar en las causas que lo motivan y, ante todo, conocer a la persona individual y sus circunstancias, pues las bonitas frases genéricas no suelen ser aptas para todos los casos.

Propongo un artículo al respecto del cual, ciertamente, me gustaría conocer la autoría. Al principio indico la Fuente, para no apropiarme de lo que no me corresponde.

Sería bueno una meditación al respecto.

Saludos.

“Pesimismo. Cuando alguien plantea peligros, consecuencias negativas ante hechos determinados, y ve el lado negativo de las cosas, solemos sentenciar que esa persona es pesimista.  El hecho es que lo que es más relevante de esta característica no es el negativismo en sí, sino qué lo favorece. ¿Es una característica innata?, ¿es por llamar la atención?, ¿es porque es un pesado?… Para encontrar respuestas hay que profundizar en los beneficios de este comportamiento.

El pesimismo es “una forma de vida”, garantiza algo muy importante: descubrir qué es lo que está mal para poder resolverlo antes de que sea peor.De hecho, es un comportamiento normal para todas las personas adelantarse a los hechos para evitar consecuencias indeseables:“si hago el informe de resultados para mi jefe antes de que me lo pida, no volverá a enfadarse de nuevo conmigo”.

El problema viene cuando uno se vuelve demasiado bueno descubriendo amenazas, entonces a veces es difícil parar y dejar que los hechos se manifiesten. Por esa razón si sentimos que no hemos puesto algún remedio a una amenaza será fácil que nos sintamos temerosos, preocupados y hasta obsesionados. Por tanto, hacer algo con mucha intensidad durante mucho tiempo hace que hagamos de ello una forma de vida, una manera de enfrentarnos a los retos cotidianos, con el consiguiente desgaste y miedo anticipatorio, además del posible rechazo de quienes nos rodean.

El pesimismo es “una forma de vida”

Pesimismo. Ver lo peligroso en cada situación tiene infinidad de efectos en situaciones cotidianas. Es una forma de pesimismo, por ejemplo, no saber aceptar los halagos. Si cuando alguien nos dice: “gracias por haberme escuchado”, respondemos “bueno, no tiene importancia, ya ves tú…” lo que estamos probablemente haciendo es valorar que no lo siente, que lo dice por cumplir. Seguro que siente que no es para tanto. La consecuencia de este comportamiento es la de que difícilmente uno es capaz de sentirse bien, de sentirse querido y por tanto la autoestima se va deteriorando paulatinamente.

Otra actitud o comportamiento frecuente en el pesimista es la de fijarse objetivos que estén por encima de la capacidad real de uno mismo. Ante el deseo de conseguir algo, como por ejemplo una subida de sueldo, la persona se centra en que no será suficiente como para meterse en una hipoteca. La expectativa de conseguir más lleva a no valorar el logro anterior.

 

Ser pesimista suele asociarse a ser depresivo, yo creo que sería más correcto unirlo a personalidad ansiosa. Es verdad que si la necesidad de controlar y evitar que ocurra algo malo no se satisface, acabará generando impotencia y tristeza, pero siempre como consecuencia de la ansiedad previa.

La persona pesimista puede dejar de serlo en la medida en la que esté dispuesta a afrontar cierto nivel de descontrol, de incapacidad para evitar acontecimientos, de consecuencias negativas que están por venir. Si aumenta la capacidad para conformarse con los objetivos alcanzados y renuncia a lo que está por venir, cada vez será menos negativa, y de paso, disfrutará más del presente. No es tarea fácil, pero en la vida los cambios no suelen producirse de manera brusca, requieren de práctica y constancia.”

Autor: Jorge Villanueva