Archive | October 2015

DE LOS NUEVOS TIEMPOS Y LAS VIEJAS MANERAS EN EL ACCESO A LA INFORMACIÓN.

Dentro de poco habrán pasado 8 años desde que escribí en otro Blog,  http://infoinvestigadores.blogspot.com.es/2007/01/nuevos-tiempos.html , un artículo titulado “Nuevos Tiempos”, el cual transcribo y, a continuación comentaré:

“Transcurridos los años, todavía recuerdo las palabras que la profesora de Bibliografía nos dirigía en nuestro primer día de Carrera: “Si pensáis en haceros ricos, os habéis equivocado de profesión y estudios”. Cabe pensar que la buena profesora se refería a la cuestión económica, acertando de lleno, todo hay que decirlo, pero por otro lado también es menester tener en cuenta otro tipo de riquezas.

Actualmente vivimos, y nadie lo niega, en una sociedad que a mi pesar tiende más y más a una mal llamada y definida globalización, cargada de un alto nivel de relativismo, cada vez más tecnificada, más civilizada y civilizadora, pero más cruel donde, sin embargo la información juega un importantísimo papel, o al menos su control y difusión.

Han pasado los años desde que terminé mis estudios de Biblioteconomía y debo reconocer que por entonces se nos formaba en lo que yo denomino Vieja Escuela, pero a lo largo de mi trayectoria profesional he comprobado cómo ha ido evolucionando mi profesión, que no es, ni mucho menos comparable a experiencias de otras personas, otros países, etc..

Prácticamente formado en el mundo de las Bibliotecas Públicas a la antigua usanza, sin embargo ya se atisbaba algo de lo que sería el inminente futuro: no tanto hablar del soporte sino de la difusión de la información, y más concretamente, de la difusión selectiva de la misma, con lo que conlleva de análisis, clasificación y su posterior puesta a disposición.

Ardua tarea la que se nos encomienda a los profesionales y seria responsabilidad, pero vivimos en un mundo, como he dicho, cada vez más relativo.

Ya desde que lo mencionara Ortega y Gasset en su Misión del Bibliotecario, pasando por los diversos manuales escritos sobre el tema y demás demagogias, resulta que se espera de nosotros un alto nivel de base, es decir, aptitudes necesarias para sintetizar, sentido del método y del orden y, además, unas aptitudes sociales, todo aderezado con un muy buen nivel intelectual.

Por descontado, y como el valor al soldado se le supone, me consta que en la mayor parte de quienes elegimos estos Estudios ya existían estos valores.
Mi pregunta es, ¿de qué manera afecta a esta finalidad la todavía falta de reconocimiento de nuestras titulaciones?. No sucede lo mismo con otras profesiones si no, que alguien me diga quién llevaría a su hijo a un médico, o a una escuela,… en donde le conste que no se cuenta con un personal cualificado.

Bibliotecas ha habido desde siempre, pero desgraciadamente, profesionales cualificados, desde hace mucho menos y ¡claro!, hemos de bregar en una situación ya
enraizada.
O sea, ese nivel demandado en nuestros Estudios, pasa a un segundo plano y, además, tampoco parece que sea necesaria la participación de un profesional especializado en Biblioteconomía y/o Documentación, amén de su reconocimiento económico.

Mi impresión es que en este caos el futuro profesional realmente está en manos de los Documentalistas, formados en la base de la Biblioteconomía y después especializados, los cuales aportan todos sus conocimientos a la nueva era de la información y su difusión, y además pueden dirigir sus expectativas laborales tanto al ámbito público como privado.

Sin embargo, los Centros de Documentación son de un origen más reciente, y por lo tanto más ligados a las tecnologías y conceptos más recientes. Más técnicos y especializados cuentan con personal más técnico y especializado, pero tanto que, a veces ocurre, se valoran para su contratación más los conocimientos específicos propios de donde se va a desarrollar la labor que los documentales.

Pero en ambos casos me viene un punto de pesimismo, y es que la introducción de las nuevas tecnologías, en virtud de hacernos la labor más fácil y, sobre todo, rápida, hace que el contacto diario con el documento fuente sea cada vez más reducido, incluso su análisis, lo cual puede llegar a convertirnos en meros elementos de traslado de ubicación de documentos o datos.

Yo siempre he sido partidario de la creencia de que es posible cambiar las cosas desde la base, es decir, desde la formación del propio ciudadano-usuario, ya que debemos recordar que informar es también formar, para favorecer la creación de mentes críticas reflexivas, y que lo sean en base al conocimiento, del cual nosotros, como especialistas, somos depositarios y difusores. “

Lo firmaba como bibliotecario.

Ahora bien……[en proceso]

Autor: Jorge Villanueva

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DEL EJERCICIO DE LA LIBERTAD Y SUS RIESGOS.

¡Vaya “temita”!

¡Vamos a ello!

Considero el “ser libre” una cuestión individual, en el sentido de que tan sólo se es libre en tanto en cuanto se toman decisiones personales que nos permiten decidir bajo parámetros morales, los cuales desearíamos verlos reflejados en la sociedad en parámetros éticos, lo cual no sucede casi nunca e, incluso, podríamos estar o no de acuerdo con ellos en base a la moral.

La cuestión está en la interpretación individual de lo que se considera debe o no debe hacerse o decirse y ser capaz de analizar la razón de los actos. Creo que aquí entra la formación en valores y el espíritu crítico que hay que tener obligatoriamente.

He mencionado “actos”. Ciertamente, ya que de nada sirven los buenos pensamientos y palabras si estos no van acompañados de la acción y de un “mojarse” en lo que realmente se cree. Pero ahora entran consideraciones del tipo: -”¿me convendrá?”, -”¿qué consecuencias tendrán mis actos?” o, lo que más interesa… “-¿en qué me afectará mi decisión?”. Yo a eso lo llamo egoísmo.

Es complicado decidir, cierto. No es lo mismo la decisión que una persona pueda tomar si tiene o no responsabilidades familiares, etc, sin embargo es triste averiguar que, si se barajan tales “riesgos”, la decisión que se tome no estará basada en la libertad, pues significaría que ésta estaría limitada o peor, coaccionada.

Triste ha sido comprobar en primera persona cómo bajo esa presunta libertad de decidir se esconde miedo, con qué facilidad se mira a otro lado o se esconde la cabeza…, cómo se aplaude al osado que defiende unos valores y cómo se le abandona a su suerte si esa osadía es castigada.

Porque una cosa tiene la libertad, el ser libre, el vivir libre y es, la soledad, ya que quien vive libre, es libre, piensa libre… -siempre y aunque parezca contradictorio, dentro de unos parámetros básicos de respeto y honestidad-, no organiza su vida en torno al que dirán los demás…

Por eso la Libertad es algo tan serio y de tanta importancia. Es algo que individualmente se ha de ganar día a día, se ha de defender hora tras hora en todos los ámbitos de la vida privada. Es la única manera de que, sumando individualidades se pueda conseguir una sociedad más libre…, siempre y cuando la sociedad, el conjunto de individualidades, sea capaz de verlo.

¿Difícil, imposible? ¡Bueno!, creo que la utopía es el objetivo a alcanzar. Nunca llegaremos, pero si lo intentamos siempre estaremos más cerca de conseguirlo.

El ser libre no es gratuito, exige mucho sacrificio personal, pero este, en ejercicio de la Libertad, aunque sea una actitud individual, tiene también como finalidad, no solamente la satisfacción moral personal, sino el bien común, para ir poco a poco, piedra a piedra para, si no tumbar la sociedad, al menos hacer que ésta se plantee que existen, con el ejemplo individual, unos parámetros mejores.

Autor: Jorge Villanueva

Pesimismo ¿Qué es eso?

FUENTE: http://gabinetedepsicologia.com/pesimismo-%C2%BFque-es-eso-psicologos-madrid-tres-cantos

No todo es tan fácil.

Lamentablemente, no basta con intentar levantarse una mañana y proponerse ideas y pensamientos positivos.

Quizás, opino, lo que se trata es de crear una superficie resbaladiza sobre la cual los problemas no tengan efecto.

Pero hay problemas y problemas. Hay personas y personas.

Podemos decir que la causa del pesimismo sigue estando ahí, por mucho que pretendamos mirar a otro lado o queramos camuflarlo con frases “positivas”.

-No hay que rendirse, tú puedes, se aprende de las caídas,… En general son consejos que están bien, suenan muy bien e, incluso son bienintencionados. Intentan despertar en el que padece de pesimismo un motivo para seguir luchando. Pero ¿qué ocurre cuando no se encuentra ese motivo? En ese caso tales consejos pueden resultar ser una piedra más en el lastre del pesimismo.

Con el pesimismo se aprende a convivir, lo cual no es conveniente ni sano, pero antes de dar consejos habría que profundizar en las causas que lo motivan y, ante todo, conocer a la persona individual y sus circunstancias, pues las bonitas frases genéricas no suelen ser aptas para todos los casos.

Propongo un artículo al respecto del cual, ciertamente, me gustaría conocer la autoría. Al principio indico la Fuente, para no apropiarme de lo que no me corresponde.

Sería bueno una meditación al respecto.

Saludos.

“Pesimismo. Cuando alguien plantea peligros, consecuencias negativas ante hechos determinados, y ve el lado negativo de las cosas, solemos sentenciar que esa persona es pesimista.  El hecho es que lo que es más relevante de esta característica no es el negativismo en sí, sino qué lo favorece. ¿Es una característica innata?, ¿es por llamar la atención?, ¿es porque es un pesado?… Para encontrar respuestas hay que profundizar en los beneficios de este comportamiento.

El pesimismo es “una forma de vida”, garantiza algo muy importante: descubrir qué es lo que está mal para poder resolverlo antes de que sea peor.De hecho, es un comportamiento normal para todas las personas adelantarse a los hechos para evitar consecuencias indeseables:“si hago el informe de resultados para mi jefe antes de que me lo pida, no volverá a enfadarse de nuevo conmigo”.

El problema viene cuando uno se vuelve demasiado bueno descubriendo amenazas, entonces a veces es difícil parar y dejar que los hechos se manifiesten. Por esa razón si sentimos que no hemos puesto algún remedio a una amenaza será fácil que nos sintamos temerosos, preocupados y hasta obsesionados. Por tanto, hacer algo con mucha intensidad durante mucho tiempo hace que hagamos de ello una forma de vida, una manera de enfrentarnos a los retos cotidianos, con el consiguiente desgaste y miedo anticipatorio, además del posible rechazo de quienes nos rodean.

El pesimismo es “una forma de vida”

Pesimismo. Ver lo peligroso en cada situación tiene infinidad de efectos en situaciones cotidianas. Es una forma de pesimismo, por ejemplo, no saber aceptar los halagos. Si cuando alguien nos dice: “gracias por haberme escuchado”, respondemos “bueno, no tiene importancia, ya ves tú…” lo que estamos probablemente haciendo es valorar que no lo siente, que lo dice por cumplir. Seguro que siente que no es para tanto. La consecuencia de este comportamiento es la de que difícilmente uno es capaz de sentirse bien, de sentirse querido y por tanto la autoestima se va deteriorando paulatinamente.

Otra actitud o comportamiento frecuente en el pesimista es la de fijarse objetivos que estén por encima de la capacidad real de uno mismo. Ante el deseo de conseguir algo, como por ejemplo una subida de sueldo, la persona se centra en que no será suficiente como para meterse en una hipoteca. La expectativa de conseguir más lleva a no valorar el logro anterior.

 

Ser pesimista suele asociarse a ser depresivo, yo creo que sería más correcto unirlo a personalidad ansiosa. Es verdad que si la necesidad de controlar y evitar que ocurra algo malo no se satisface, acabará generando impotencia y tristeza, pero siempre como consecuencia de la ansiedad previa.

La persona pesimista puede dejar de serlo en la medida en la que esté dispuesta a afrontar cierto nivel de descontrol, de incapacidad para evitar acontecimientos, de consecuencias negativas que están por venir. Si aumenta la capacidad para conformarse con los objetivos alcanzados y renuncia a lo que está por venir, cada vez será menos negativa, y de paso, disfrutará más del presente. No es tarea fácil, pero en la vida los cambios no suelen producirse de manera brusca, requieren de práctica y constancia.”

Autor: Jorge Villanueva

DE LA CULTURA Y LA FORMACIÓN: NECESARIOS PARA OPINAR Y BASE DE LA LIBERTAD

No voy a negarlo, tampoco sé por qué habría de hacerlo, pero últimamente he participado dando mi opinión en varios foros de Facebook, y me he centrado especialmente en los que he notado, por un lado, la total falta de información de muchos “foreros” participantes y, por otro lado, un cierto extremismo ligado a circunstancias pasadas, ya sean de ámbito religioso o político y, lo que no deja de ser curioso, con un marcado carácter acusatorio y culpabilizador de quienes al parecer, se obstinan en no pasar página, basando su discurso en temas recurrentes, una y mil veces…, sin avanzar, sin profundizar, encasillándose y encasillando, convirtiendo el significado de la Evolución en algo más teórico que práctico.

Se trata de temas muy manidos ya, hasta el aburrimiento. Que si una Inquisición -siempre española ¡por supuesto!- hizo o dejó de hacer; que si hubo una conquista de América y con ella una destrucción, expolio, exterminio de civilizaciones y patrimonio; que si en una guerra civil ¡la que sea! hubo ganadores y perdedores …, ¿pero alguna vez los hubo?…; y el empeño en pedir cuentas, al más estilo mafioso de don Corleone, aunque sigo sin saber a quién.

Esta circunstancia ha hecho que me decida a usar este blog olvidado como medio de desahogo y de expresión, abierto a quien le pueda interesar y quiera expresarse.

Me preocupa leer estos planteamientos en webs de Instituciones y de ciertos representantes públicos, pero como ciudadano de la calle, me preocupa más leerlos de puño y letra de mis iguales, el ciudadano de a pie.

¿Por qué mi preocupación? Simplemente porque considero que el ciudadano de la calle debe reconocerse a sí mismo como el pilar de la sociedad y el origen, finalidad, la razón de ser, tanto de las Instituciones como de los representantes públicos.

En los últimos años se está dando a entender que se está moviendo algo en este sentido, pero cuando participo en los foros y analizo las opiniones…, que no razonamientos, de la mayoría, me entristece comprobar cómo aumenta el desconocimiento, la desinformación y prevalece la ignorancia y la ideología simples.

En el último siglo se han abierto cauces para conseguir que una cierta Educación, una cierta Formación, llegue a más población…, una “cierta”, que no plena, ya que sigue estando muy arraigado el concepto de lo “conveniente”, de lo “políticamente correcto”, por lo tanto, restrictivo.

En una supuesta sociedad de libertades y derechos se ha producido la paradoja de la coacción moral y del crecimiento de ciertos tabúes. En una sociedad supuestamente formada se está tendiendo al unidireccionismo de pensamiento y, cuando éste se revela, lo hace en base a pensamientos antiguos, nada creativos, cuyo único destino es, necesariamente, el fracaso.

Los nuevos líderes que surgen nos plantean modelos “revolucionarios”, como si del descubrimiento de la pólvora se tratase…, pero no es así…; y los viejos líderes que ya lo eran, anquilosados en unas maneras y costumbres, almidonados e incapaces de girar la cabeza…, no ven venir el golpe…, incluso diría que les parece imposible. En estos casos me imagino siempre al rey Luis XVI tumbado en la guillotina, momentos antes de recibir el corte fatídico, preguntándose con qué derecho se le cuestionaba en unos derechos adquiridos y otorgados hacía generaciones.

Todos apuntan maneras. Puede parecer contradictorio, pero creo firmemente que la única forma de cambiar el llamado “Sistema”, debe ser dentro del “Sistema”. El problema surge cuando es el “Sistema” el que te atrapa.

Pero al “Sistema” lo hacen las personas y, lo más importante, está formado por personas. Por lo tanto, los únicos capaces de cambiarlo son las personas. La cuestión y la dificultad está en que hay que diferenciar a la persona del “Sistema”. Hay que darle el valor que le corresponde a la persona, como individuo, con sus derechos individuales como ser humano, teniendo en cuenta que, cuando falla la protección al individuo, falla la protección a la sociedad.

No estoy hablando de individualismo, sino del ser humano, de su individualidad como ser humano, de su valor intrínseco.

Siempre ha habido revoluciones, pero por el simple hecho de que siempre han sido necesarias unas para acabar con otras, por lo que todo se convierte en una especie de “pescadilla que se muerde la cola”, un bucle o, mejor expresado, una cinta de Moebius.

A lo mejor es hora de plantearse cómo romper este nudo Gordiano, de manera que lo que venga después, sea mejor y más duradero que lo que dejamos atrás.

A los amigos de lo teórico y de la Historia nos gusta ver los toros desde la barrera, no en el sentido de la cobardía, sino por el sentido de la perspectiva. Así, compruebo la realidad de lo que mi padre siempre me decía: – “nadie aprende en cabeza ajena”. Pero, entonces me planteo ¿para qué sirve la formación? Quiero ir más allá de la adquisición de unos conocimientos, de unas herramientas, para lograr un trabajo. Quiero ir más allá, en algo que pueda reflejar que he evolucionado como ser humano en compañía de otros seres humanos.

Así, no creo equivocarme cuando analizo y compruebo que de nada ha servido pasar de una denominada Galaxia de Gutemberg a otra denominada Sociedad del Conocimiento pasando antes por una de la Información, todo en un relativo poco tiempo -sobre todo las dos últimas- , sin antes haber profundizado y establecido unas bases sólidas para que la teórica finalidad de cada una fuera efectiva.

Sí, tenemos acceso a la Información, pero ¿tenemos interés por ir a las fuentes?

Sí, la mayoría de la población ya sabe leer, pero ¿es capaz de analizar con pensamiento libre y abierto?

La formación es la base del criterio y el criterio es la base de la libertad…, o al menos, creo, debiera ser así.

Se habla ahora de la Sociedad del Conocimiento…, pero ¿de qué conocimiento estamos hablando? ¿Realmente creemos que estamos más formados?

Sí, tenemos muchos más medios para expresarnos que nunca, tenemos -diría yo- hasta un exceso de información pero, ¿somos capaces de valorar, sintetizar y separar la paja del grano?

Por ello, es mi opinión, hay que formar a la persona para, dentro de un todo, transformar la sociedad, es decir, el conjunto de seres humanos obligados a entenderse y convivir…, y para ello considero fundamental la formación en valores y un plan educativo apolítico.

Lo reconozco, no soy ni formador, ni psicólogo, ni historiador…, he sido otras cosas, pero no ésas…, pero procuro buscar un sentido coherente y razonado a lo que ocurre a mi alrededor y, lo reconozco también, muchas veces no se lo encuentro.

Pero me vienen sensaciones extrañas cuando pienso en la actual cultura de la globalización, en lo fácil que es, en ella, manipular a la masa, poniéndole unos medios que, en base a unos supuestos beneficios de la comodidad y la rapidez, de la actualidad, no dan lugar a un tiempo para permitir sentarse a razonar, a pensar y sí mucho al relativismo. En cómo, parafraseando a Einstein, “el respeto irreflexivo por la autoridad se convierte en el mayor enemigo de la veracidad”.

Me entristece ver cómo los hechos se traducen a modas, a circunstancias pasajeras que dejan de ser de interés cuando ya nadie habla de ellas.

Queremos vivir al día, a la última, sin pensar en el pasado y, cuando lo hacemos, lo hacemos con los ojos del presente y una cierta miopía, sin mayor análisis ni profundidad, creyendo que lo pasado, simplemente, es aburrido, y olvidando que el pasado es la base del presente y los cimientos del futuro.

Vivimos una sociedad agigantada, que no gigante, pero con cimientos de barro.

Todos somos hijos y nietos de los actos de nuestros antepasados, porque sólo una cosa nos une, y es el hecho, irrefutable, de que todos somos seres humanos. Eso nos debería doler y ejercer una influencia dolorosa tal que nos impidiera repetir los mismos errores, con una única finalidad, mejorar como seres humanos. Sin esto, dudo mucho que se puedan hacer leyes justas, normas por las cuales se han de regir los seres humanos entre ellos y su entorno.

Pero estas percepciones no las concede la Naturaleza por sí sola. El papel que desempeña una educación en valores es fundamental para conseguirlo o, al menos, aproximarse lo más posible a este ideal.

Como ya dijo alguien hace tiempo: ya podrás ser el más rico, inteligente, poderoso del mundo, que si no tienes Amor – Caridad, no eres nada. Me permito el lujo de versionarlo: sin formación ni una base sólida, no podremos cambiar nada; seremos presos de nuestros instintos y de los dictados de los demás.

El problema radica en cómo conseguir una cosa sin la otra y viceversa.

Creo que es imposible.

Autor: Jorge Villanueva