Donde se hace Camino

Nunca se echa en falta algo hasta que se pierde, o cuando la distancia hace que el objeto de nuestros deseos cobre un halo de ideal soñado, sobre todo cuando la cruda realidad nos devuelve a lo que hemos adoptado como hábitos considerados normales.

Vivir el Camino de Santiago implica mucha añoranza cuando se regresa al mundo de lo cotidiano. Significa que, durante mucho tiempo, años quizás, anhelarás encontrar en tu vida lo que experimentaste en tu peregrinación, corriendo el riesgo de sentirte como un extraño en la sociedad que te ha tocado vivir…, y eso es un riesgo.

Durante un tiempo, y de manera más intensa si eres de los que se denominan “peregrinos de largo recorrido”, literalmente desconectas de todo y, al regresar a lo que llamamos hogar, te sorprende que el mundo haya seguido en sus derroteros.

Pones las noticias para enterarte, sorprendido, del agravamiento de la situación en el Oriente Próximo y en la Europa cercana, del pederasta o maltratador canalla que habita en tu país…, y te preguntas dónde has estado estos días y a qué mundo has regresado.

Todo cobra una mayor fuerza y gravedad cuando lo comparas con los recuerdos que traes del Camino, de los cuales tan sólo te has quedado con los gratos.

El Camino es como la Vida, se suele decir y yo diría aún más: el Camino es como el Amor.

Para vivir ambos hay que saber convivir con el otro, intentar comprenderlo y perdonar para quitar piedras a la mochila y hacer más llevadero el Camino.

Hacer de la convivencia algo cotidiano, de la sonrisa la tarjeta de presentación, de la ayuda desinteresada algo más que un gesto…, ¡es tan fácil en el Camino de Santiago…!, y tan difícil aplicarlo cuando el verdadero Camino comienza…, al regreso.

Es inevitable la comparación.

Recuerdas entonces la acogida en unos pueblos en donde nadie te conocía. Sólo sabían de ti que eras peregrino, como tantos otros. Como si faltara una parte de ti, sientes muy hondo la enorme ausencia y distancia que te separa ahora de aquel abrazo recibido entonces en Grañón, de aquella sinceridad y la comida compartida, los momentos de oración entre gente que no se conocía de nada; recuerdas la lágrima que se deslizaba y escapaba por la mejilla en una naturalidad que al principio sorprende pero que, rápidamente, asumes como intrínseca al Camino, resultándote extraño cualquier gesto contrario.

-“Ve al albergue de Bercianos. Hay un regalo para ti”, me dijo una monja de Carrión. Pensé en qué motivo habría para modificar mi plan previsto para ese día. No tenía sentido ir a Bercianos si pasaba la noche anterior en Sahagún. Apenas nueve kilómetros separan una población de otra y no iba a dejar de visitar la primera. Además, ¿qué hay en Bercianos? Sin embargo, acepté hacer corta esa etapa, retrasando un día mi llegada a Mansilla y quedar en Bercianos.

-“¿No es muy pronto para estar esperando ya a la puerta del albergue?”, me preguntaba sorprendida la hospitalera.

– “Ciertamente, pero una monja en Carrión me dijo que pasara por aquí, que había un regalo para mí”. Sin duda, mi respuesta debió resultar sorprendente.

-“¿Regalo? No sé nada de un regalo”.

Por supuesto, cómo va a haber un regalo para mí esperándome. Pero, curiosamente no me sentí un estúpido tras esta breve conversación. En otras circunstancias, la vergüenza – y el sentido común- me habría impedido actuar así. Pero no en el Camino. Todos los conceptos cambian.

Dado lo temprano de mi llegada y ante la posibilidad de permanecer muchas horas esperando la hora de apertura del albergue, me ofrecí a ayudarles en lo que quisieran y necesitaran.

-“Elige: patio o habitaciones”.

-“Patio”.

Mi regalo fue barrer, pero también lo fue cocinar, fregar, hablar, compartir, rezar,… Mi regalo fue recibir dando. Mi regalo fue el Camino.

¿Qué tendrá de mágico el Camino que provoca tales cambios en las personas? Personalmente creo que son las mismas personas las que lo hacen mágico, en su anhelo encontrado de poder hacer las cosas de diferente manera a lo que la realidad de nuestra sociedad nos ofrece.

En el Camino buscamos, porque lo vemos posible, un mundo mejor, pero como ya he dicho: el regalo es el mismo Camino y el verdadero Camino comienza cuando vuelves a casa.

Autor: Jorge Villanueva

Publicada en:  http://caminodesantiago.consumer.es/concurso-relatos/relato.php? id=140040#sthash.CPXVio3q.dpuf  ,el 26.08.2014

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