DE LA CULTURA Y LA FORMACIÓN: NECESARIOS PARA OPINAR Y BASE DE LA LIBERTAD

No voy a negarlo, tampoco sé por qué habría de hacerlo, pero últimamente he participado dando mi opinión en varios foros de Facebook, y me he centrado especialmente en los que he notado, por un lado, la total falta de información de muchos “foreros” participantes y, por otro lado, un cierto extremismo ligado a circunstancias pasadas, ya sean de ámbito religioso o político y, lo que no deja de ser curioso, con un marcado carácter acusatorio y culpabilizador de quienes al parecer, se obstinan en no pasar página, basando su discurso en temas recurrentes, una y mil veces…, sin avanzar, sin profundizar, encasillándose y encasillando, convirtiendo el significado de la Evolución en algo más teórico que práctico.

Se trata de temas muy manidos ya, hasta el aburrimiento. Que si una Inquisición -siempre española ¡por supuesto!- hizo o dejó de hacer; que si hubo una conquista de América y con ella una destrucción, expolio, exterminio de civilizaciones y patrimonio; que si en una guerra civil ¡la que sea! hubo ganadores y perdedores …, ¿pero alguna vez los hubo?…; y el empeño en pedir cuentas, al más estilo mafioso de don Corleone, aunque sigo sin saber a quién.

Esta circunstancia ha hecho que me decida a usar este blog olvidado como medio de desahogo y de expresión, abierto a quien le pueda interesar y quiera expresarse.

Me preocupa leer estos planteamientos en webs de Instituciones y de ciertos representantes públicos, pero como ciudadano de la calle, me preocupa más leerlos de puño y letra de mis iguales, el ciudadano de a pie.

¿Por qué mi preocupación? Simplemente porque considero que el ciudadano de la calle debe reconocerse a sí mismo como el pilar de la sociedad y el origen, finalidad, la razón de ser, tanto de las Instituciones como de los representantes públicos.

En los últimos años se está dando a entender que se está moviendo algo en este sentido, pero cuando participo en los foros y analizo las opiniones…, que no razonamientos, de la mayoría, me entristece comprobar cómo aumenta el desconocimiento, la desinformación y prevalece la ignorancia y la ideología simples.

En el último siglo se han abierto cauces para conseguir que una cierta Educación, una cierta Formación, llegue a más población…, una “cierta”, que no plena, ya que sigue estando muy arraigado el concepto de lo “conveniente”, de lo “políticamente correcto”, por lo tanto, restrictivo.

En una supuesta sociedad de libertades y derechos se ha producido la paradoja de la coacción moral y del crecimiento de ciertos tabúes. En una sociedad supuestamente formada se está tendiendo al unidireccionismo de pensamiento y, cuando éste se revela, lo hace en base a pensamientos antiguos, nada creativos, cuyo único destino es, necesariamente, el fracaso.

Los nuevos líderes que surgen nos plantean modelos “revolucionarios”, como si del descubrimiento de la pólvora se tratase…, pero no es así…; y los viejos líderes que ya lo eran, anquilosados en unas maneras y costumbres, almidonados e incapaces de girar la cabeza…, no ven venir el golpe…, incluso diría que les parece imposible. En estos casos me imagino siempre al rey Luis XVI tumbado en la guillotina, momentos antes de recibir el corte fatídico, preguntándose con qué derecho se le cuestionaba en unos derechos adquiridos y otorgados hacía generaciones.

Todos apuntan maneras. Puede parecer contradictorio, pero creo firmemente que la única forma de cambiar el llamado “Sistema”, debe ser dentro del “Sistema”. El problema surge cuando es el “Sistema” el que te atrapa.

Pero al “Sistema” lo hacen las personas y, lo más importante, está formado por personas. Por lo tanto, los únicos capaces de cambiarlo son las personas. La cuestión y la dificultad está en que hay que diferenciar a la persona del “Sistema”. Hay que darle el valor que le corresponde a la persona, como individuo, con sus derechos individuales como ser humano, teniendo en cuenta que, cuando falla la protección al individuo, falla la protección a la sociedad.

No estoy hablando de individualismo, sino del ser humano, de su individualidad como ser humano, de su valor intrínseco.

Siempre ha habido revoluciones, pero por el simple hecho de que siempre han sido necesarias unas para acabar con otras, por lo que todo se convierte en una especie de “pescadilla que se muerde la cola”, un bucle o, mejor expresado, una cinta de Moebius.

A lo mejor es hora de plantearse cómo romper este nudo Gordiano, de manera que lo que venga después, sea mejor y más duradero que lo que dejamos atrás.

A los amigos de lo teórico y de la Historia nos gusta ver los toros desde la barrera, no en el sentido de la cobardía, sino por el sentido de la perspectiva. Así, compruebo la realidad de lo que mi padre siempre me decía: – “nadie aprende en cabeza ajena”. Pero, entonces me planteo ¿para qué sirve la formación? Quiero ir más allá de la adquisición de unos conocimientos, de unas herramientas, para lograr un trabajo. Quiero ir más allá, en algo que pueda reflejar que he evolucionado como ser humano en compañía de otros seres humanos.

Así, no creo equivocarme cuando analizo y compruebo que de nada ha servido pasar de una denominada Galaxia de Gutemberg a otra denominada Sociedad del Conocimiento pasando antes por una de la Información, todo en un relativo poco tiempo -sobre todo las dos últimas- , sin antes haber profundizado y establecido unas bases sólidas para que la teórica finalidad de cada una fuera efectiva.

Sí, tenemos acceso a la Información, pero ¿tenemos interés por ir a las fuentes?

Sí, la mayoría de la población ya sabe leer, pero ¿es capaz de analizar con pensamiento libre y abierto?

La formación es la base del criterio y el criterio es la base de la libertad…, o al menos, creo, debiera ser así.

Se habla ahora de la Sociedad del Conocimiento…, pero ¿de qué conocimiento estamos hablando? ¿Realmente creemos que estamos más formados?

Sí, tenemos muchos más medios para expresarnos que nunca, tenemos -diría yo- hasta un exceso de información pero, ¿somos capaces de valorar, sintetizar y separar la paja del grano?

Por ello, es mi opinión, hay que formar a la persona para, dentro de un todo, transformar la sociedad, es decir, el conjunto de seres humanos obligados a entenderse y convivir…, y para ello considero fundamental la formación en valores y un plan educativo apolítico.

Lo reconozco, no soy ni formador, ni psicólogo, ni historiador…, he sido otras cosas, pero no ésas…, pero procuro buscar un sentido coherente y razonado a lo que ocurre a mi alrededor y, lo reconozco también, muchas veces no se lo encuentro.

Pero me vienen sensaciones extrañas cuando pienso en la actual cultura de la globalización, en lo fácil que es, en ella, manipular a la masa, poniéndole unos medios que, en base a unos supuestos beneficios de la comodidad y la rapidez, de la actualidad, no dan lugar a un tiempo para permitir sentarse a razonar, a pensar y sí mucho al relativismo. En cómo, parafraseando a Einstein, “el respeto irreflexivo por la autoridad se convierte en el mayor enemigo de la veracidad”.

Me entristece ver cómo los hechos se traducen a modas, a circunstancias pasajeras que dejan de ser de interés cuando ya nadie habla de ellas.

Queremos vivir al día, a la última, sin pensar en el pasado y, cuando lo hacemos, lo hacemos con los ojos del presente y una cierta miopía, sin mayor análisis ni profundidad, creyendo que lo pasado, simplemente, es aburrido, y olvidando que el pasado es la base del presente y los cimientos del futuro.

Vivimos una sociedad agigantada, que no gigante, pero con cimientos de barro.

Todos somos hijos y nietos de los actos de nuestros antepasados, porque sólo una cosa nos une, y es el hecho, irrefutable, de que todos somos seres humanos. Eso nos debería doler y ejercer una influencia dolorosa tal que nos impidiera repetir los mismos errores, con una única finalidad, mejorar como seres humanos. Sin esto, dudo mucho que se puedan hacer leyes justas, normas por las cuales se han de regir los seres humanos entre ellos y su entorno.

Pero estas percepciones no las concede la Naturaleza por sí sola. El papel que desempeña una educación en valores es fundamental para conseguirlo o, al menos, aproximarse lo más posible a este ideal.

Como ya dijo alguien hace tiempo: ya podrás ser el más rico, inteligente, poderoso del mundo, que si no tienes Amor – Caridad, no eres nada. Me permito el lujo de versionarlo: sin formación ni una base sólida, no podremos cambiar nada; seremos presos de nuestros instintos y de los dictados de los demás.

El problema radica en cómo conseguir una cosa sin la otra y viceversa.

Creo que es imposible.

Autor: Jorge Villanueva

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